Por fin se acerca la navidad. Si, por fin, porque cuanto antes llegue, antes desaparecerá para dejarnos tranquilos unos meses. Últimamente casi todo el año es navidad. Y cansa. Y mucho. En agosto me entra frío cuando veo al dichoso calvo mirándome y soplándome una bolita de la suerte desde cualquier administración de loteria. Prometo que este verano colgaré de mi pared el poster del calvo de la suerte, a ver si así puedo llevar mejor los 40º. Mejor aún, la pondré de fondo de pantalla del móvil, para tenerla siempre cerca y recordar que en lugar de 7 de julio San Fermín deberíamos estar cantando alegremente 25 de diciembre, fun, fun, fun. (qué modernos los españolitos antiguos, utilizando anglicismos en un villancico tradicional)
Yo al menos este año puedo dar las gracias a Digital+. Con eso de no ver la televisión en abierto me estoy ahorrando los atracones de anuncios navideños. Ni juguetes, ni perfumes, ni politono o sonitono al 5555. Y claro, así me pasa, que este año no tengo ni idea de qué regalar. Pero todo esto tiene una ventaja: sólo he tenido que apagar la tele una vez, y fue en casa de mis padres viendo las noticias. Me explico. Aborrezco el anuncio del maldito turrón que vuelve a casa por navidad. Me hace sentir una masa de almendras y azúcar. Y bastantes problemas tenemos ya como para que al mirarme al espejo vea el reflejo de un turrón lavándose la cara. Venga hombre. Me entran ganas de llorar. Y como es más rápido apagar la tele que cambiar de cadena (si, vale, nunca recuerdo dónde dejé el mando) todas mis navidades han sido un continuo apagar y encender la tele durante los anuncios. Que vale, que si, que bastante jodida es mi vida, alejada de casi todas las personas que quiero y que me importan como para que me estén machacando desde noviembre con que no importa lo lejos que esté de todos, para navidad volveré a casa con una tableta de turrón debajo del brazo y un macuto debajo del otro, y a mi madre le dará un ataque de histeria llorosa al verme entrar sigilosamente en casa. Si claro, como si eso fuera tan fácil. Si no les aviso antes, ¿quien viene a por mi a la estación a ayudarme con mis maletas? Si es que a veces es preferible ser un quinto de permiso de fin de semana, no una victima de la moda (¿ves? no es tan difícil utilizar expresiones en español cuando me pongo, pero juro seguir utilizando customizar) con tres maletas y un neceser.

Y para variar, perdí el hilo de mis propios pensamientos. ¿De qué hablaba? Ah, si, por fin es navidad.

4 Comentarios:

Marius Delacroix dijo...

me siento orgulloso de tener a alguien en la familia como tu , despues de ver esto me han dado ganas de retomar mi blog , cosa que sin duda hare hoy , por cierto te necesito , necesito llorarle en el hombro un rato a alguin y creo que te ha tocado y para colmo adara se va mañana y m voy a sentir mas solo que la una y no quiero psicotizarme pero me estoy dando cuenta que lo estoy haciendo asi que STOP.marius

Marius Delacroix dijo...

te amo morritos beckham

Petrus dijo...

si te sirve de consuelo, yo también odio la navidad.
ciberbesos,
P.

Gwiyath dijo...

Ay, dichoso turrón, nunca conseguía ver el anuncio entero gracias a ti, y ahora (también gracias a ti) odio el maldito anuncio, porque me entra la morriña. Ay, sí, que estoy muy morriñosa este año, la navidad me afecta... lo único que consuela es que el efecto ñoño de la navidad se pasa en cuanto la vives dos días, y te hartas de dulces, de villancicos, de lucecitas, y de que hasta el tío que pasea al perro debajo de tu casa te desee feliz navidad cuando normalmente ni te mira...
Vuelve a casa por navidad, je, nos vemos pronto, sea o no navidad. Un besooooooo